MATAN A UN PERIODISTA PARA INTIMIDAR A TODOS

Como mujer y periodista, me enorgullece que le hayan otorgado el Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades a la mexicana Alma Guillermoprieto. Esta mujer fue bailarina antes de ser reportera y vivió en Nueva York y La Habana.

Comienza su discurso diciendo que: «En estos tiempos de rabia, división y rencor, yo soy de las que creen en las matemáticas porque creo que juntos, somos más. Los periodistas podemos ver el mundo, cambiar la historia, ser heroicos».

Asimismo, recordó a los 45 periodistas asesinados este año alrededor del mundo y cómo recibió la noticia el año pasado en Madrid, cuando regresaba al hotel después de la ceremonia de los premios Ortega y Gasset de que su amigo, el también periodista mexicano, Javier Valdez había sido tiroteado en Culiacán, cuna del narcotráfico. «Fue como si apagaran la luz del mundo» -dijo con voz temblorosa y visiblemente emocionada-. Hizo una mención especial a los reporteros de Venezuela, Nicaragua y México. «Matan a uno para intimidar a todos. y, dónde matan a uno, surgen dos o más».

Sigue animando a los jóvenes a dedicarse a una profesión completamente necesaria. «Se gana poco y se trabaja de sol a sol pero eso nos gusta. Somos el fiel reflejo de la sociedad y, sin embargo, hacemos falta para que quede constancia de los horrores del mundo». ¿Cómo se enterarían de los hechos que ocurren fuera de su entorno sin nosotros los reporteros? Porque contamos la historia de todos los días. «No podemos enderezar la historia pero si contarla porque los periodistas dejamos constancia de lo que otros quieren tapar». «Ningún otro oficio como este, nos regala un mundo, un universo. El regalo de la realidad inmensa y maravillosa».

Con más de cuarenta años de experiencia, empezó su trabajo periodístico en Nicaragua durante la revolución sandinista. Después, reveló en el Washington Post la masacre del Mozote en El Salvador. Es importante porque es la masacre más grande que hubo en América Latina provocada por fuerzas militares salvadoreñas entrenadas por Estados Unidos. «Este tipo de reporterismo es el más indicado para iniciarse en el mundo del Periodismo -señala- porque los jóvenes no tienen noción del peligro y, cuando eres más veterana, no quieres arriesgar».

En los 80 fue jefa de América del Sur de la revista Newsweek y en los 90 escribió reportajes para The New York Review of Books. Ha vivido en primera persona la Cuba de Fidel, el Perú de Sendero Luminoso o la guerra contra el narco en su México natal. En Latinoamérica como en Estados Unidos este es un tema muy importante. Se ha hablado mucho del narcotráfico pero «los temas que no hemos logrado descubrir o investigar son la economía y el lavado de dinero del narcotráfico». Sus crónicas fueron recogidas en el libro: «Al pie del volcán escribo«.

No escribe noticias sino crónicas. Por eso cuenta lo que siente o piensa en primera persona. El suyo es un periodismo narrativo, reposado, de largo aliento. Goza del privilegio de ser testigo de la historia en primera fila. En esta era de las nuevas tecnologías, ella es una reportera clásica que camina y va a pie a entrevistar a la gente. «Somos los ojos de las personas que no pueden ver. Somos los oídos de lo que los demás no oyen» -asevera-. Sin este flujo de información que denuncia la injusticia a través de los medios de comunicación, la sociedad caería en el aislamiento de la Edad Media.

«El tipo de reportería que hago no tiene mucho futuro porque es una crónica extensa». El gran Periodismo que se inventó en la segunda mitad el siglo XX de hecho casi no existe con la aparición de internet y las redes sociales.

Descubrir mujeres como ésta que, después de tantos años de profesión, todavía mantiene el entusiasmo y la ilusión de un joven principiante, te animan a luchar por el sueño de seguir contando historias reales que si, además, sirven para cambiar, aunque sólo sea un poco, el mundo, tanto mejor.

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