Este sábado los vecinos de Carabanchel se han manifestado una vez más en defensa de la Sanidad Pública en la Comunidad de Madrid. Parece que, desde hace tiempo, el gobierno quiere cargarse la Sanidad Pública pero estas manifestaciones tienen más connotaciones políticas que en defensa de los intereses de los ciudadanos de a pie.
Me parece vergonzoso que tanto los sanitarios, a los que tanto aplaudimos desde nuestros balcones, como el gobierno se aprovechen de una pandemia que ya dura dos años para vendernos que los centros de salud están saturados.
Por suerte o por desgracia, lo comprobé en primera persona el pasado viernes. Tuve que acudir a mi centro de salud. Estaba desierto. Éramos cuatro pacientes contados con los dedos de la mano en la sala de espera. Le dije a la doctora que me atendió que, desde que comenzó la pandemia, ni siquiera sé quién es mi médico. «Ni lo va a conocer -me contestó-. Esta tarde estamos pasando consulta sólo dos médicos porque están recortando los presupuestos y, cuando se jubila un médico, no envían a otro nuevo».
No me creo nada. Si la mayoría de las doctoras que había eran jóvenes. Qué interés va a tener la doctora en qué nos enteremos los pacientes de los entresijos que hay por detrás. ¿Quién dice la verdad en esta batalla entre el gobierno y los sanitarios?
La mayoría de los pacientes que acudían a los centros de salud de Puerta Bonita y Abrantes eran inmigrantes o personas con pocos recursos económicos. Lo mejor que teníamos en este país era la Sanidad Pública y Universal ¿Qué quieren que nos paguemos seguros de salud privados? Y que los centros de salud de la Seguridad Social se conviertan en la antigua beneficencia a la que sólo acudían los pobres.
Se han dejado de atender enfermedades graves. Echaban la culpa al covid pero, actualmente, no hay tantos casos de covid, y se sigue sin atender presencialmente. Existen enfermedades que no se pueden tratar por teléfono. En pleno siglo XXI estamos alcanzando unos niveles de deshumanización increíbles.
Antes el médico de familia te conocía. Se sabia tu historial. Conocía a tu familia y, ahora, cada vez te llama por teléfono uno distinto que sólo ve en un ordenador tu historial y, a veces, creo que ni siquiera se molesta en leerlo.
Si un jubilado ha conseguido que los bancos vuelvan a atenderlos presencialmente ¿por qué no podemos pedir lo mismo a la Sanidad? Es un derecho de todos los ciudadanos. Vivimos en unos tiempos en que han aumentado los problemas de salud mental en la población, sobre todo la ansiedad y la depresión. Las enfermedades no se curan sólo recetando fármacos por teléfono. Hay que escuchar al paciente y verlo en persona.

