Bárbara Allende Gil de Biedma artista que se convirtió en icono de la movida madrileña en los años ochenta en España con sus instantáneas en blanco y negro coloreadas con acuarelas
El mundo de la fotografía está de luto. Se ha vestido del blanco y negro de las fotografías de Ouka Lele, sobrenombre de Bárbara Allende Gil de Biedma que ha fallecido este miércoles a los 64 años en la clínica Ruber de Madrid tras sufrir una enfermedad que la familia no ha querido que trascienda.
La fotógrafa Ouka Lele nació en 1957 en el Madrid de la España franquista en blanco y negro al que dio color. «A veces la cámara se me queda corta» dice en una entrevista Ouka Lele. «Desde muy pequeña quería dedicarme a la pintura. Mi abuelo era pintor». Tenía un compañero que siempre me hablaba de una escuela que es el Photocentro. Ahí estaban los que hacían la revista «Nuevo lente» y eran una gente con unas ideas muy claras. Abandonó la carrera de Bellas Artes en 1975 para ingresar en esta escuela.
«Cuando hablas con el corazón, llega al corazón de los demás» -señala Ouka Lele.
Su trabajo partía de la fotografía que hacía en blanco y negro que luego coloreaba con acuarelas. Dividía a los fotógrafos entre cazadores y agricultores entre los que ella se contaba.
Recibió múltiples premios entre ellos el Nacional de Fotografía en 2005, «por cuestionar los límites del lenguaje de la fotografía”, según el jurado, y medalla de plata de la Comunidad de Madrid. La fotógrafa tiene obras en museos como el Reina Sofía, la Fundación La Caixa, la Colección Arco o el Centro Andaluz de Fotografía.
Oula Lele es color, es libertad, creatividad. «Me puse el nombre de Ouka Lele para esconderme pero no lo conseguí» -dice en una entrevista que concedió a Sandra Barneda.
Ouka Leele tenía previsto impartir un taller de fotografía para niños en la próxima edición de los Encuentros Fotográficos de Gijón, en noviembre, en la galería Aurora Vigil-Escalera de la ciudad asturiana.
Ouka Leele: 10 fotos que definen sus primeros años
Tomó su nombre artístico, Ouka Lele, de una estrella inventada, un seudónimo prestado, a finales de los años setenta, del cómic Europa Requiem, de El Hortelano, uno de sus compañeros de fatigas de lo que se conoce como la Movida madrileña. Pretendía promover la fotografía “como fenómeno cultural y artístico”.
Ouka Leele había estudiado en un colegio de monjas y esa educación religiosa, junto a los paseos con su madre por el Museo del Prado, fueron medulares en una obra arraigada en la iconografía de los santos.
Aunque lo que de verdad determinó su futura carrera artística fue el encuentro, en el entorno del Rastro madrileño, ágora juvenil y contracultural que se fraguó en el ocaso del régimen franquista, con el grupo de la denominada Cascorro Factory, es decir, Ceesepe, Alberto García-Alix y El Hortelano.
En esos años, Ouka Leele colaboró con los fanzines y revistas que estuvieron en el principio de la Movida, como Vicios Modernos, de Ceesepe y García-Alix, o la barcelonesa Star. Además, confeccionaba sus propios fotolibros con fotocollages que titulaba con nombres tan extravagantes como Caperucita Roja con mocos y sin una pierna. La eclosión del punk y la influencia dadá se convirtieron en señas de identidad de una obra que también bebía del teatro experimental, que empezó a aterrizar en España en esos años, concretamente, con la compañía de Lindsay Kemp, la del polaco Tadeusz Kantor o el mítico Circo Aligre francés.
Pese a que en su primera exposición en PhotoCentro ya asomaba su particular mundo propio, fue su viaje junto a El Hortelano a Barcelona, donde conoció a Mariscal y a Nazario, el que definió de forma definitiva su reconocible sello. Esa fusión entre la fotografía, la pintura y la escenografía la convertirían en un referente internacional de la Movida y del arte contemporáneo español.
En 1979, en la galería de Albert Guspi de la capital catalana, expuso sus primeras fotografías coloreadas, bajo el título de Peluquería. Se trataba de una serie de retratos de amigos que, a modo de estampitas de santos, la artista adornó con tocados surreales que ella misma construía con todo tipo de objetos o animales muertos: pulpos, jeringuillas, limones, botellas, discos, secadores o tortugas. Son lo que la conocida periodista Paloma Chamorro calificó entonces como “santos modernos”.
Unos meses después, presentó en Madrid este proyecto y lo hizo presentándose en la inauguración con un vestido de fuelle confeccionado por ella misma y con un cochinillo muerto en la cabeza que, con un sistema de bombillas y pilas, aparecía con los ojos iluminados. Ante las cámaras del programa de televisión La Edad de Oro, el artista Dis Berlín la bautizó como Madrina Dadá 80, mientras ella se presentaba así ante las cámaras: “Yo soy Ouka Lele, la creadora de la mística doméstica. Digo esto porque creo que la gente se toma mis imágenes como una crítica social cuando es todo lo contrario, es la sublimación de lo cotidiano y doméstico”.
En los años ochenta yo tenía 13 años, estaba empezando esa época de cambios y rebeldía que es la adolescencia. Recuerdo a una serie de artistas que se colaban en mi casa a través del televisor, entre ellos Ouka Lele, no sólo como iconos, sino como mitos de la contracultura que surgió en todos los campos como Alaska, en la música, o Almódovar, en el cine. Aquellas noches furtivas en que veía el programa musical de Paloma Chamorro «La edad de oro» al que traía a grupos transgresores de la época. O el programa infantil «La bola de cristal» presentado por Alaska en el que se colaban cantantes como Santiago Auserón o Pablo Carbonell o el desaparecido humorista Pedro Reyes.
Ha muerto Santa Bárbara.


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