El pasado domingo 4 de febrero, Dia de la Hermandad, Córdoba dejó de estar lejana y sola. Estaba aquí cerquita en la Casa de Córdoba en Madrid y se llenó de poetas venidos de todas partes de la piel de toro: Asturias, Comunidad de Valencia, Sevilla, Zamora, Castilla-La Mancha, Salamanca y de Madrid. Los ecos de sus versos resonaron en las paredes de esta casa acompañados al piano por la música melodiosa de Ana Ortiz. Me sentí pequeñita entre compañeros tan grandes, pero como en el salón de mi casa. Hice amigas, intercambiamos libros.
Alberto Morate, poeta, dramaturgo y crítico de teatro de reconocido prestigio, que ha publicado varios libros de poemas y obras de teatro, hizo posible este encuentro el VII DOMINGO POÉTICO EN LA CASA DE CÓRDOBA DE MADRID.
Alberto Morate, instigador y maestro de ceremonias, dijo para comenzar que, cuando era profesor, no seguía un orden de lista y así mantenía a los alumnos a la expectativa. Y así lo hizo. Nos mantuvo expectantes hasta el último instante. Los nervios se apoderaron de mí, pero, cuando por fin me tocó recitar un par de versos, me sentí como liberada y comprendida. Como que circulamos en la misma onda.
Y, como muy bien dijo Ana Benegas, artista multidisciplinar, que abrió el evento con la conocida canción de Atahualpa Yupamqui: Los hermanos: «La verdadera hermandad no requiere lazos de sangre«. A veces, los hermanos no son los de sangre sino los que nos vamos encontrando a lo largo de nuestra vida. Y aquí me sentí hermanada.
Escribir poesía es un acto solitario y minoritario que, en la mayoría de los casos, no llega a la gente. Convirtámonos en trovadores. Hagamos que nuestros versos inunden las calles.
Comparto el mismo sentimiento que Alberto Morate: Me estremezco cada vez que me siento integrante y partícipe de esta comunidad de idos por el verso. Pienso que hay que estar un poco loco para dedicarse a la escritura y, sobre todo, a la poesía. Sensibilidad y locura van unidas de la mano. Los poetas caminamos por la cuerda floja. Somos como funambulistas andando por un alambre suspendido en el cielo sin red.
Después, y no se me ocurre mejor manera de conmemorar el día de la Hermandad, tuvimos una comida fraternal donde me reí con el sentido del humor de Teresa de Miguel y Mayte Chicote, conocí su mejor versión. Hay que liberarse de prejuicios y tabúes. Los poetas no somos gente seria y triste, sino que plasmamos nuestras emociones en el papel que, a veces, son de alegría y otras, de tristeza. Este ha sido mi estreno, mi primer año. Espero que no sea el último y que nos volvamos a encontrar bien en la Casa de Córdoba o en el camino de nuestras vidas. Doy comienzo a una nueva etapa y rompo con el pasado. Gracias a tod@s por existir. Me creía un bicho raro por escribir y sentir la poesía, pero he comprobado que hay más personas como yo, en la cuerda floja. Pero, ¿Quién no ha estado alguna vez en la cuerda floja?

