Lorenzo Silva, Eloy Tizón y Juan Luis Cano,: Influencias de Carabanchel en su Obra

El pasado viernes 31 de mayo, dentro de las actividades de la segunda edición del Festival Cultural Cruza Carabanchel, Carlos Izquierdo, concejal presidente del Distrito 11 de Madrid, inauguró el encuentro de escritores de Carabanchel en el Centro Cultural Lázaro Carreter.

Alberto Morate, poeta y dramaturgo, de Carabanchel, maestro de ceremonias, comenzó presentando a los escritores carabancheleros por orden alfabético.

En primer lugar, Alfredo Gómez Cerdá que ha escrito guiones para comics, ha colaborado en prensa, en revistas especializadas. Le concedieron el Premio Cervantes Chico en el año 2008 por el conjunto de toda su obra. En 2009 recibió el premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por su obra Barro de Medellín.

Yo soy de Carabanchel de toda la vida. Cuando iba al colegio, todos mis amigos tenían pueblo y a mí me fastidiaba no tenerlo. Le preguntaba a mis padres por qué no teníamos pueblo, y me decían que Carabanchel era mi pueblo. Vaya mierda de pueblo.

En mi principio, estaba Carabanchel. Como decía Machado: Eres del lugar donde has hecho el bachillerato. Puedo vivir en China o donde sea, pero siempre seré de Carabanchel.

Casimiro García Abadillo, director del periódico El Independiente. Inició su carrera profesional en el periódico Cinco Días. Emprendió una carrera siempre ligada a la información política y económica que le llevó ala revista Mercado, al semanario El Globo, así como al Diario 16 en 1987. Contribuyó a crear el diario El Mundo, designado director en 2014. Al dejar la dirección del diario, siguió como columnista hasta 2016 en que creó El Independiente.

Casimiro dice que, de entre todos nosotros, quizás sea el que menos es escritor. A excepción de una novela negra llamada La trampa, con la que disfruté mucho. Estoy aquí principalmente porque soy de Carabanchel. A diferencia de muchos, yo tenía un pueblo. Nací en un pueblo de Ciudad Real. Hice el bachillerato en Carabanchel, por lo tanto, mi adolescencia transcurrió en Carabanchel.

Por ejemplo, el fin de semana pasado fui con mi esposa y mi hija, que vive en Londres, a dar una vuelta por la colonia de la Prensa, al colegio Amorós para que viera donde tengo mis raíces. Creo que Carabanchel ha cambiado mucho para bien. Es un barrio que está más vivo que nunca. Esta mañana en la radio escuché que Madrid ha crecido y el que más niños tiene es Carabanchel.

David Llorente nace en Madrid en 1973. Su primera novela Kira galardonada con el premio Francisco Umbral de novela corta 1998 mientras cursaba sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad Complutense y El bufón, premio de narrativa Ramón J. Sender 2000. En la República Checa ha trabajado como profesor bilingüe. Su experiencia queda reflejada en su tercera novela Ofrezco morir en Praga en 2012 y De la mano del hermano muerto. Te quiero porque me das de comer, su quinta novela, seleccionada por el diario ABC como una de las mejores novelas negras ganadora del premio Memorial Silveria Cañada 2015, en la Semana Negra de Gijón. Se trata de una novela negra de la que sólo pretendía escribir un cuento sobre un asesino en serie de Carabanchel. Y Madrid: frontera, ganadora del premio Valencia Negra 2016.

Durante muchos años estuve trabajando en Praga. Siempre en mi cabeza, los espacios, los personajes y las historias estaban relacionados con Carabanchel. Cuando volvía a Madrid en vacaciones, veía cómo el barrio iba cambiando. Me gustaba y me daba nostalgia al mismo tiempo.

Pensando en cómo sería mi próxima novela, me di cuenta de que aquí al lado había una cancha de baloncesto que pertenecía a Hermandades del Trabajo, donde pasé mi infancia y adolescencia jugando al baloncesto.

Considerado uno de los mayores exponentes de narrativa breve. Publica artículos habitualmente en prensa. Ha ejercido la crítica literaria e impartido talleres de narrativa, Eloy Tizón, profesor universitario de la UAL (Universidad de Almería). Parte de su obra ha sido traducida a varios idiomas.

Eloy confiesa que le ha sorprendido un poco la visión que ha dado el concejal de Carabanchel, esa fotografía de una vitalidad cultural por contraste al Carabanchel que conocí. Nací a mediados de los años sesenta. Mis recuerdos son de los años 70 u 80. Lo recuerdo como un barrio duro. Como en muchos barrios de Madrid, había inseguridad, la vida cultural era escasa. Creo que es una grandísima noticia que el barrio haya evolucionado.

La presencia del barrio en lo que he escrito, sobre todo se refiere a esos ejercicios proustianos de rememoración del pasado. Textos que tienen que ver con mi infancia y adolescencia. Es un referente casi emocional del que es imposible desprenderse porque es donde están nuestras raíces y creo que hay que ser justo con ese origen y darle el espacio y la dignidad que merece.

Juan Luis Cano, periodista, humorista, escritor, futbolista, cantaor de flamenco, nació en Carabanchel. Su familia era la propietaria de la funeraria del barrio, afortunadamente para ellos, pero desafortunadamente para los que tenían que hacer uso de ella, bromea Alberto. Estudió Periodismo y trabajó en diferentes medios, entre ellos en Antena 3 radio donde se hizo famoso coprotagonizando el programa humorístico Gomaespuma junto a Guillermo Fesser.

Escribió dos novelas: La funeraria y Las piernas no son del cuerpo porque cuando era niño su madre le ponía pantalones cortos hasta en invierno y si se quejaba de que tenía frío, le contestaba su madre: Hijo, las piernas no son del cuerpo. El humor forma parte de su vida y la hace más llevadera.

De los trece que estamos aquí, cuatro fuimos alumnos y compañeros en el mismo colegio, el Amorós. ¿Cómo en un barrio tan duro podía surgir la vocación creadora? Tal vez tenga mucho que ver que compartieron al mismo profesor de literatura, Pedro.

Juan Luis Cano consiguió arrancarnos una carcajada con su sentido del humor lleno de ironía. Eso, personalmente, creo que forma parte de la idiosincrasia de Carabanchel.

Continuamos con Juana Macías -señala Alberto-, directora y guionista de cine. Nominada a la mejor novel por Planes para mañana. Ha dirigido seis largometrajes y nueve cortometrajes. Está preparando un largometraje nuevo Looking for Michael. Ha dirigido series para televisión: Madres y Las abogadas. Autora del libro 24 palabras por segundo: como escribir un guion de cine y fue alumna mía, remata Alberto.

Juana dice que el Carabanchel que recuerdo es bastante diferente del actual. Lo que más me marcó fue Alberto. Lo más exótico que había en el Vedruna eran las clases de teatro de Alberto Morate. Tendría doce o trece años cuando Alberto me dio mi primer gran papel interpretando un tronco de árbol, ni siquiera era árbol. Y seguí en el grupo de teatro hasta que llegué a la Universidad y todavía conservo amigos de esa época.

Juana estuvo en el Festival de Cortometrajes de Carabanchel, uno de los más importantes. Se han instalado nuevas empresas cinematográficas en el barrio. Hay nuevos aires -afirma.

Para presentar al siguiente escritor, vamos a hacer un juego -dice Alberto-, no voy a decir el nombre para que lo adivinéis. Conocido por sus novelas policiacas protagonizadas por Rubén Bevilacqua y la inspectora Chamorro ¿Ya sabéis de quién hablo?

Lorenzo Silva, nació en Carabanchel, estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Su novela El alquimista impaciente obtuvo el premio Nadal en el año 2000. La flaqueza del bolchevique, adaptada al cine por el director Manuel Martín Cuenca.

En 2012, La marca del meridiano le valió el premio Planeta. Junto a Noemí Trujillo puso en marcha el sello editorial Playa de Ákaba.

Lorenzo cuenta que nació en Carabanchel de forma accidental debido a la profesión de su padre. Más concretamente en el Hospital Militar Gómez Ulla. Más tarde regresó a vivir a la colonia de Cuatro Vientos donde vivió su adolescencia y estudió el bachillerato. He tenido muchos amigos que vivían en el barrio y he estado siempre moviéndome por aquí.

En los años 80 todos los barrios de Madrid eran duros. En cualquier momento, podían sacarte una navaja para quitarte el bocadillo. Pero, frente a la carencia de bibliotecas, me gustaría ratificar la presencia de buenos educadores, buenos profesores de literatura que supieron enseñarnos a apreciar, a amar los libros y la cultura. Por tanto no es casual que nos hallamos dedicado a la literatura.

María Castrejón gana el Premio Internacional de Poesía Experimental Francisco Pino al presentar un fragmento de éste, impreso en una servilleta. Ha trabajado en diferentes disciplinas como la performance, el vídeo y el cómic. Escribe sobre género y salud mental. Ha escrito artículos y ha dado conferencias en diferentes universidades. Y también fue alumna mía, termina poniendo esta coletilla Alberto.

María dice «pasé mis enfermedades infantiles aquí. Otra enfermedad fue para mí el Vedruna. La verdad es que lo pasé bastante mal. Menos con Alberto que fue un maravilloso profesor con el que disfruté haciendo teatro todos los días y otro profesor de literatura. Sólo aprobaba esa asignatura. Empecé a escribir cuando tenía diez años. Empecé a escribir lo que veía a través de la ventana. Esa tristeza gris que apreciaba en Carabanchel que para mí era un barrio gris y triste. Sobre todo, mi familia y mi infancia.

Cuando he vuelto a escribir de Carabanchel lo he hecho de las personas que me faltan. Sobre todo de mi abuelo que nos llevaba al colegio y nos espiaba detrás de los árboles para ver si ligábamos en el recreo con otras personas.

He llevado una antología que se llama Barrio en el que he escrito un poema sobre Carabanchel.

A ver si eres capaz de enviarme poemas que no contengan la palabra alma, me dijo Noemí Trujillo-asevera Alberto. De Barcelona, además de poesía ha publicado libros para público juvenil y junto a Lorenzo Silva la novela La innombrable de la inspectora policiaca Manuela Mauri que sí es de Carabanchel.

Estudió Humanidades, empezó a escribir poesía muy joven bajo la influencia de Lorca. Era una voz que seguía viva dentro de mí que resonaba. Era el espejo en qué mirarme. Durante años trabajó en la promoción cultural a través de la asociación Anceo que promocionaba las actividades culturales en Viladecans.

Ha publicado el ensayo La maternidad era esto en la que analiza a partir de su propia experiencia como madre y autora el modo en que la literatura ha tratado este tema.

En esta mesa me siento pez fuera del agua, pero estoy acostumbrada a ser un verso suelto. Nací en Barcelona, pero siempre viví en la periferia en Gabá, en Viladecans. Ahora vivo en Getafe. Hace siete años Lorenzo Silva escribió un cuento donde inventó el personaje de la escritora de homicidios Manuela Mauri. Ese cuento sucedía en Carabanchel. Tiempo después de que se publicara ese cuento, me invitó a escribir una novela a cuatro manos con este personaje. Empezamos a trabajar en esa serie de novelas que ya son tres.

La inspectora tenía mi edad y tenía dos hijos. La maternidad y la literatura es un tema que me interesa. Tanto Lorenzo como yo siempre hemos vivido en la periferia. Básicamente estoy aquí hoy para tomar notas de cara a Si existe una cuarta novela, queremos reflejar la infancia de Manuela Mauri en Carabanchel. Queremos recrear algunos aspectos de la infancia de Manuela en Carabanchel.

Pedro Simón, escritor y periodista, nació en Carabanchel. Ha colaborado con medios como El Correo de Zamora o Antena 3 Radio, antes de empezar a trabajar para el diario El Mundo. Galardonado con premios como el Ortega y Gasset. También ha publicado las novelas Peligro del derrumbe y Los ingratos, obra con la que resultó ganador del premio XXV PREMIO DE NOVELA 2021. Asimismo, es autor del ensayo Memorias del Alzheimer.

Llegué cuando tenía 10 años de un pueblo de La Mancha y cambié los campos de manzanilla y azafrán donde jugaba al fútbol por los areneros con jeringuillas, sangre y orina. Todavía mucha gente me pregunta por qué sigo viviendo en Carabanchel. La gente piensa que cuando cumples ciertos sueños en tu vida tienes que irte a vivir a otro lugar. Es la reflexión que se hace el personaje de mi novela Los incomprendidos. Este personaje vivía en Carabanchel y se fue a vivir a Boadilla del Monte hacía una reflexión: Lo malo de tener una casa más grande es que tocas a más metros para menos gente.

Quiero decir dos cosas; una es la palabra niños, que tiene que ver con nacimientos, que es la palabra vida. Otra es la palabra mezcla. Si me gusta mi barrio es porque es impuro. Cuando escucho la palabra pureza, huyo. Por eso me gusta mi barrio. Me interesa la periferia porque he estudiado periodismo. Estamos acostumbrados a que todas las miradas nos vengan desde el centro. Porque tiene que ver con las asimetrías. Pienso que cuando eres periferia, no te crees el centro del mundo.

Victoria Alonso y Yolanda Corell, escritoras residentes en Carabanchel actualmente.

Victoria Alonso nació de pie según su propio testimonio -asevera Alberto. Psicopedagoga. Practica la fotografía y le gusta viajar todo lo que le dejan. Ha escrito desde su más tierna infancia. Victoria ha escrito un libro de relatos breves titulado Relatos indisciplinados del que me siento orgulloso de haber escrito el prólogo.

Me siento muy pequeña en esta mesa y, a la vez muy agradecida de estar aquí. Cinco personas de esta mesa tiene una relación muy especial conmigo. Eloy ha sido mi profesor, Yolanda amiga desde los 12 años, Juan Luis me despertaba cada mañana mientras hacía la comida para llevar a mis hijos al Vedruna, donde mi hija fue alumna de Alberto en sus clases de teatro. Y también Alfredo, como he sido docente, ha ido a uno de mis coles a firmar libros para niños.

Crucé a Carabanchel en mayo del 68 que suena un poco romántico y estrafalario cuando Carabanchel era un arenero y mi madre no me dejaba salir a jugar a la calle porque esto era un barrio peligrosísimo. Anteriormente, vivía en Chamberí donde mi madre era portera. Cómo no podía salir a la calle acabé en una asociación juvenil donde conocí a Yolanda. Nunca me he marchado del barrio. Sólo seis años que fui a dar clases en el colegio Español en Londres.

Empecé escribiendo poesía. Creo que todos empezamos escribiendo poesía cuando nos enamoramos de Bécquer, pero a la vuelta de Londres comencé a escribir relatos que me salen de forma natural. Mi libro de relatos estuvo mucho tiempo en el cajón hasta que lo publiqué justo unos días antes de que empezara la pandemia. Tengo un ojo.

Ahora me estoy volcando más en la literatura infantil. Será porque tengo tres nietas y me apetece mucho regalarles mis palabras.

Yolanda Corell, carabanchelera, que dice pertenece al mar -señala Alberto. Ha realizado trabajo social educativo. Autora del poemario Desde dentro. Su segundo libro es Versos como espinas en la almohada.

Me relación con Carabanchel se remonta no sólo a mi infancia, sino a la de mis padres. Aunque mi madre nació en Murcia por avatares de la guerra. Mi abuelo estaba destinado allí porque pertenecía al ejercito republicano, pero, cuando salió de la cárcel regresaron a Carabanchel. Mi padre vivía en la acera de enfrente de mi madre. A mí si me dejaban salir a la calle. Vivía por el Cerro Almodóvar. He estudiado en un colegio chiquitito de barrio, de estos de piso en Vía Carpetana. He estudiado el bachillerato también en Carabanchel en el Emilio Castelar. Hace diez años regresé a Carabanchel a vivir libre. Y en esa libertad empecé de nuevo a escribir.

Al finalizar, la intervención de los escritores carabancheleros, Alberto lanza unas cuantas preguntas al aire y comienza una especie de coloquio.

Juan Luis Cano comenta que en su novela La funeraria habla de Carabanchel. Habla de su familia, pero todo es ficción. Esas vivencias se han quedado muy marcadas.

A los niños de aquella época nos llevaban con pantalones cortos. En invierno llevaba las piernas llenas de cabrillas por el frío. Y le decía a mi madre: Joer, mamá, ponme pantalones largos. Y mi madre me contestaba: Eh, las piernas no son del cuerpo.

Casimiro García Abadillo afirma que el barrio era duro. Era habitual ver peleas, consumo de drogas en la calle. La gente se daba todo. Es estos barrios se forjan unas amistades especiales. Los vecinos salían con la silla a la calle por la tarde a formar tertulias. Cuando bajábamos andando desde el colegio Amorós nos parábamos en una pastelería. Luego leí un libro de Jorge Semprún, militante del partido comunista, la célula estaba en Carabanchel. Decía que desde el piso clandestino donde estaba por las noches se veían las luces de Madrid.

Es verdad que, los que vivimos en esa época en primera persona y en un barrio como Carabanchel, nos vimos impulsados a cambiar nuestras vidas, pero también el país.

Todos nos dedicamos a alguna actividad que tiene un componente creativo. Como en un entorno que no es particularmente estimulante, que en aquella época era una zona dura. Curiosamente Carabanchel no queda lejos del centro, pero la barrera psicológica del río marca un límite. Frente a ese paisaje de una cierta dureza, yo también quiero reivindicar esos destellos de arte imprevistos que había en el barrio. Por ejemplo, los cines que han desaparecido. Había cinco o seis cines. Recuerdo los cines de la Vía Carpetana: el Kursal, el Canadá. Las películas te hacían soñar. Recuerdo las papelerías de barrio. Libros con unas portadas donde había ilustraciones de Robinson Crusoe, Robin Hood o Los tres mosqueteros que te hacían soñar. Creo que eso ha sido una tabla de de salvación para muchos de nosotros.

David Llorente comenta: Creé a un asesino en serie, Max, que aterrorizaba al barrio de Carabanchel. Todo el mundo me preguntaba de dónde había sacado a ese personaje. Yo decía que me lo había inventado, pero ese personaje existía. No sé si os acordáis del asesino en serie llamado El loco del estilete. Una de las víctimas supervivientes decía que llevaba tatuada una serpiente en el brazo. Cuenta una anécdota que le ocurrió con un amigo y nos arranca una carcajada.

Pedro Simón dice que su infancia era la calle. Llegaba del colegio. Dejaba la cartera y los libros. Cogía la merienda y me iba a jugar a la calle. Yo lo notaba más cuando salía del barrio.

-Ah tú eres de Carabanchel. La cárcel, no?

Recuerdo una anécdota graciosa. Fui al barrio de un amigo. Llegué a su casa, en el intervalo mientras bajaba, vi su coche, se había dejado la puerta abierta y me senté adentro. Pero, ¿Cómo has entrado? Yo simplemente le dije: Es que soy de Carabanchel.

Alfredo Gómez Cerdá señala que había unas zonas más conflictivas que otras. De hecho, en una de mis novelas Sin máscara, en la zona de Caño roto, los vecinos salían a la calle todas las semanas para protestar por la inseguridad.

Puedes ir por ahí, pero, cuando llegues a Pan Bendito, te das la vuelta. Tengo un pésimo recuerdo del colegio Amorós. Los de Carabanchel Bajo íbamos en tranvía. Recuerdo que todos los profesores eran frailes. No puedo decir que no tengo nada en contra de los frailes, sí que lo tengo. Tuve la suerte de tener ese profesor que habéis mencionado. Lo más duro de Carabanchel para mí fue el colegio Amorós.

Lorenzo Silva sólo he vivido 14 años en Carabanchel, pero nunca me he alejado mucho. Coincido con el recuerdo de Alfredo. Estaba mucho en la calle. La prisión no estaba muy lejos de Cuatro Vientos donde yo vivía. Para mí era una parte del decorado donde yo vivía mis aventuras. El mayor peligro lo creábamos nosotros mismos subiéndonos a lugares inverosímiles o bajando a pozos. He intentado reflejar eso en mi literatura.

Hace veinte años alguien se planteó hacer una película de mi novela La flaqueza del bolchevique. Resultó que vivía en Carabanchel. Cuando hubo que buscar una protagonista, una chica de 15 años. Se hizo un casting y acabaron escogiendo a María Valverde que también vivía en Carabanchel.

María Valverde interpreta a una chica muy pija, que vive en el barrio de Los Jerónimos. Cuando va a ver el barrio del personaje masculino que vive en Carabanchel. Dice de su propio barrio: Que raro es esto.

Yolanda Corell señala la dureza del barrio en los años 80. En los barrios más pobres se unía el consumo de la droga con la delincuencia. Fueron unos años durísimos en los que perdimos muchos jóvenes por sobredosis o SIDA. En ese momento, hubo unos movimientos sociales que partían de las parroquias donde se ayudaba a los jóvenes a salir del mundo dela droga.

Todas las familias se conocían, los vecinos eran vecinos. Ahora vivimos en una sociedad más individualizada. Han desaparecido los cines, pero hay más bibliotecas y centros culturales, pero están vacíos.

Estamos en uno de los barrios con el mayor índice de población en situación de vulnerabilidad. Hay más movimiento cultural, pero la parte social la tenemos abandonada. No se me ocurre mejor forma de finalizar este encuentro-coloquio de escritores. De Carabanchel no sólo salen delincuentes, también personas como las que nos han acompañado en el día de hoy que han sido capaces de prosperar no sé si económicamente, pero sí culturalmente. Personalmente, pienso que a los niños y jóvenes en riesgo de pobreza y exclusión social, no sólo hay que darles ayudas económicas, sino educación, formación para que tengan las herramientas adecuadas para salir de esa pobreza.

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