Todos los años hacemos nuestros propósitos para el Año Nuevo: adelgazar, hacer más deporte, aprender algún idioma, dejar de fumar, pero yo he decidido comenzar el año vacunándome de la covid 19.
Vaya propósito. Resulta que estaba citada ayer a las 7 de la tarde. Cuando llegué al Gregorio Marañón me dijo el de información que no sabía el motivo, pero habían dejado de vacunar a las tres de la tarde. Blanco y en botella. Decidieron irse a casita la tarde de Fin de Año. Maldita la gracia que me hizo. Yo que había dejado la cena preparada por si acaso la vacuna me hacía reacción.
Entiendo que la culpa no la tiene el hospital sino el sistema de auto cita que ha implantado la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Deberían habernos llamado para cancelar la cita o que no hubiera citas disponibles para esa tarde en la página web.
Me dio el teléfono del hospital para que llamara hoy. Me ha dicho la telefonista que podía ir cuando quisiera, que estaban vacunando de 9 de la mañana a 9 de la noche. Resulta que llego al hospital y la fila daba la vuelta a la calle Ibiza. Todos hemos hecho el mismo propósito de Año Nuevo. Dos horas en la cola. Menos mal que hace un día primaveral. Bueno, sólo me he mareado un poco pero ha sido comer y se me ha pasado.
Todo esto empezó con la nieve. Nos convertimos en niños de nuevo. Patinando con los trineos en plena Gran Vía pero luego vino lo peor. No llegaban los suministros a los supermercados. España entera se colapsó. Si hay alguna palabra que defina el 2021, es frío. Como dice la canción de Manolo Tena: «Busco el principio y sólo encuentro el final. Estoy ardiendo y siento frío. La muerte deja caer el telón».
Llegó el verano y todos salimos como caballos desbocados hacia nuestros pueblos natales y los del pueblo, a Benidorm como Paco Martínez Soria con la cesta de las gallinas al hombro. Abrieron estadios, cines y teatros pero siguen sin llenarse. Se pusieron de moda las terrazas hasta en pleno invierno.
En septiembre estalló el volcán de la Palma que ha mantenido en vilo a los pobres Palmeros durante tres meses. Muchos han perdido sus casas. Los recuerdos de toda una vida.
Después del estío, regresamos al trabajo presencial. A los madrugones y los metros abarrotados de gente como antes de la pandemia, a coger los primeros catarros del otoño porque hay que mantener los despachos ventilados. Volver a ver a los compañeros.
Se marchó la insigne escritora Almudena Grandes. Faltan muchos y en esta Navidad su ausencia se ha convertido en una forma de invierno como dice el poema de su marido Luis García Montero. Se heló la sangre de nuestras venas. Dejó de fluir como agua que corre por el manantial.
En noviembre llega la variante Omicron a Sudáfrica y se extiende por todo el mundo a pasos agigantados y hemos vuelto al teletrabajo. Ya vamos por la sexta ola que está coincidiendo con la Navidad. Nos estamos aprendiendo el abecedario griego. Primero Alfa, Delta, Omicron ¿Vendrá Omega? Espero que no.
Pero el mejor propósito de Año Nuevo que puedo hacer es pedir que acabe la pandemia de una vez. Este no es el final.


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